Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo. Dijo en su momento Gandhi.
Hoy, por la televisión, se nos ha hablado de la derogación de la ley del aborto. Existe un fenómeno creciente en la televisión, cada vez más acuciante, en el que el buen periodismo pasa a ser pura demagogia.
No soy nadie. En absoluto. De profesión soy periodista, pero solo soy una persona, ¡disculpen! Una ciudadana preocupada por aquellos cambios que está viendo a su alrededor! ¡El mundo está al revés! El sr. Camps, únicamente imputado por unos trajes, puesto que parece ser que se ha pasado por alta su inestimable gestión de la Generalitat, ha sido puesto en libertad por un jurado popular tras unas pruebas demasiado aplastantes. El único juez de la democracia que se ha atrevido a juzgar al franquismo, en el banquillo. Twitter ha accedido a censurar en los países que así se lo pidan, y las medidas “anticrisis” cada vez consiguen apretar más, y más, y más.
Y nosotros, impasibles. No sé si conocerán a Noami Klein o habrán leído la doctrina del shock, de ésta misma autora. Lo recomiendo fervientemente, para así comprender qué nos está ocurriendo. El capitalismo fue, en su momento, y ya lo dijo el gran economista Sampedro, una respuesta necesaria a un modelo de crecimiento. Pero, damas y caballeros, el capitalismo ya no sirve. Apelando a Nietzsche, occidente se hunde. Y nosotros remamos sumergidos hasta la agonía de no poder más.
Pero qué veo en la calle. Indiferencia e indignación. Ambos adjetivos totalmente contrarios, pero existentes como un burlón oxímoron en las calles de nuestras ciudades. El movimiento 15M y los denominados sociológicamente o no, ni-nis.
No puedo más que quitarme el sombrero ante el movimiento 15M y Occupy Wall Street. Son aquellos que me dan vida, aliento, y me permiten seguir creyendo que hay más gente que comprende que este sistema, más que podrido, está supurando.
Pero he vuelto a explotar. Al igual que me ocurrió cuando comencé con este pequeño espacio en la red, necesito volverme a expresar. Un señor que se decía llamar chamán, una vez me dijo, muy acertadamente, que la expresión de mi ser era el viento. Creo que se estaba burlando de mí, no obstante, tenía razón en una cosa: necesito expresar lo que siento, porque si no acabo cayendo en un estado de amargura, en una enfermedad crónica, de la que solo puedo escapar a través del sueño y la dejadez.
Así, pues, reabro nuevamente este humilde chiringuito para compartir experiencias y pensamientos en este globo tan pequeño, tan hermoso, en el que todos estamos unidos, queramos o no, y debemos cooperar, como hicieron en el pasado las primeras sociedades homininas, de cara a afrontar las reiteradas crisis -y no económicas necesariamente- que acechan.